Suelen ir juntos, pero son diferentes: insolación, golpe de calor y deshidratación

Insolación, golpe de calor y deshidratación

Toda España, como muchos veranos, está en alerta por las elevadas temperaturas. Concretamente en Madrid se espera que alcancen los 40º a lo largo del fin de semana. Los medios de comunicaciones y también nosotros, los profesionales de la salud, no dejamos de repetir los consejos que deben seguirse para refrescarnos y evitar que nuestro cuerpo alcance situaciones extremas que pueden tener consecuencias graves para la salud. Se habla mucho de insolación, golpe de calor y deshidratación. Pero, ¿qué diferencia a cada una de ellas? ¿Cómo debemos de actuar ante tales situaciones?

Insolación

Se trata de un enfermedad producida por la acción directa de los rayos solares en el cuerpo. Los síntomas son fiebre y piel caliente, enrojecida, seca pero no enrojecida. El afectado suele decir frases sin sentido o tener delirios. Y en situaciones extremas puede perder la consciencia, tener convulsiones e incluso entrar en coma. Nos referimos a la insolación cuando la persona ha estado expuesta al sol y no a otras fuentes de calor.

Anta la insolación, hay que trasladar al enfermo inmediatamente a un lugar fresco y ponerle paños de agua fresca en la frente, la nuca y las muñecas para bajar la temperatura corpolar. Hay que darle agua a pequeñas cucharadas, aunque siempre en el momento en que el individuo esté consciente. Si está totalmente insconsciente, tiene convulsiones o culquiera de los otros síntomas no cesa, se debe acudir cuanto antes a los servicios de emergencia del hospital.

Golpe de calor

Los síntomas son iguales que los de la insolación y el modo de actuación posterior también. La diferencia es que nos referimos a golpe de calor también cuando el organismo no es capaz de disipar más calor del que ha recibido como consecuencia de otras causas diferentes al sol. Por ejemplo, cuando la persona ha realizado un ejercicio físico intenso con altas temperaturas en el ambiente, lo que se denomina “golpe de calor por esfuerzo”.

Deshidratación

A diferencia que en la insolación y el golpe de calor, aquí la piel es pálida y húmeda en la que se percibe una sudoración profusa. El pulso es débil y la respiración superficial. La temperatura corporal es normal pero el individuo puede sufrir vómitos y cefaleas, así como presentar una presión arterial baja.

Hay que poner al afectado tumbado con las piernas levantadas y darle de beber agua en pequeñas cantidades. Puede ayudar si le añadimos sal y azúcar o si le invitamos a ingerir alguna bebida isotónica poco a poco.

En cualquiera de los casos las personas más propensas son los ancianos, los niños y las personas obesas, que deberán extremar las precauciones en la ola de calor que azota a España en este momento.

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